Prólogo de El Arte de Ser Mamá


Por: Ángel Gámez

Después de leer y escuchar a Nayanci, pude observar a mis hijos con otros ojos. Los ojos del alma. Me di cuenta que tuve muchos aciertos y que cometí muchos errores con los ejemplos de Castillo en su magnífico escrito. Sin embargo, nunca es tarde para rectificar y desde ya, estoy empezando a poner en práctica muchos de los consejos.

Pero además de imaginarme como padre, también hice una especie de regresión mental hacia mi niñez y mi conexión con mamá, visualizando muchas situaciones que me ocurrieron en la infancia. Sobre todo, una en especial que la tengo en lo más profundo de mi memoria celular.

Mi madre me educó con actitud muy competitiva y me gusta competir. Pero una vez no fui el mejor de la clase cuando estaba en la escuela. Recuerdo que llegué muy triste a la casa y le dije a mi mamá que no fui el número uno. Le pedí disculpas y bajé la cabeza. Ella puso la mano en mi barbilla y levantó mi cara con una extraordinaria sonrisa en su rostro y me dijo aquellas mágicas palabras “hijo mío, para mí siempre eres el número uno”.

Esas palabras marcaron mi vida y hoy cuando algo no va bien las recuerdo para darme ánimo y me digo mentalmente: para mi mamá soy el número uno.

Con esto puedo ver cómo las palabras que decimos a nuestros hijos influyen positiva o negativamente en sus vidas. Las palabras pueden construir o destruir una vida. Por eso, en este ejemplar vas a conseguir a través de testimonios reales, la forma de comunicarte con tus hijos, independientemente que creas que están conscientes o no.

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